El precio por unidad es solo una parte de la decisión. Una referencia que ocupa demasiado, ralentiza el cierre o no encaja con el plato puede salir cara en la operativa diaria.

1. Ordena la carta por necesidades

Agrupa los productos que comparten tamaño, temperatura, humedad y tipo de servicio. Este mapa permite ver cuántos formatos son realmente necesarios y dónde una misma solución puede cubrir varios platos.

2. Calcula el consumo real

Revisa varias semanas y separa el consumo habitual de los picos. Si hay temporadas muy marcadas, anótalas. Una cifra orientativa es más útil que una estimación optimista sin contexto.

Incluye pérdidas de manipulación y pruebas, pero no infles el consumo «por si acaso». El objetivo es preparar una propuesta útil, no justificar más stock.

3. Mide el espacio disponible

Los envases vacíos también ocupan. Comprueba altura de estanterías, profundidad, accesos y distancia hasta el punto de preparación. Valora además si distintas tapas o bases se parecen demasiado y pueden confundirse.

4. Simplifica referencias

Una gama más corta facilita pedidos, inventario y formación. Revisa duplicidades y distingue entre una variante que resuelve un problema real y otra que solo añade complejidad.

  • Define un uso principal para cada referencia.
  • Asocia tapas y bases de forma inequívoca.
  • Documenta sustituciones aceptables antes de necesitarlas.

5. Haz una prueba operativa

No pruebes solo el envase lleno. Observa cómo llega, dónde se almacena, cómo se monta, cuánto tarda en cerrarse, cómo se apila y cómo lo abre el cliente.

6. Prepara una solicitud clara

Comparte tipos de producto, formatos actuales, consumo aproximado y problemas que quieres resolver. Con esta información, la propuesta comercial puede centrarse en alternativas relevantes.

Preparemos la selección.

Cuéntanos cómo trabaja tu negocio y qué quieres mejorar.